¿Por qué esta pausa mundial nos ha transformado?

Sin siquiera imaginarlo, hace unos meses despertamos con la noticia de que no podíamos salir de casa. Que debido a un virus que se propago desde China, el mundo entero había entrado en una pausa involuntaria y que no sólo teníamos que usar cubrebocas y tener extremas medidas de limpieza, además tendríamos que hacernos a la idea de vivir una vida al interior de casa 24/7. El hashtag #quedateencasa se viralizó y también las medidas de higiene y las estadísticas a nivel nacional e internacional.

Seamos sinceros… al principio creímos que sería sencillo y que pasaríamos rápido por el gran obstáculo que la vida, el Universo, la naturaleza, quién sea, nos estaba poniendo en la carrera llamada vida. Sin embargo, los días y las semanas y los meses pasaron y cada vez fue más desafiante acoplarnos a la nueva realidad que se había colado a nuestras casas y a la intimidad de nuestras relaciones y nuestras vidas.

¿Por qué crees tú que nos habrá dado tanto temor mantenernos dentro de nuestras casas?

Se supone que nuestros hogares son (o deberían ser) el lugar más seguro para habitar; sin embargo, de pronto ese lugar se convirtió en una “prisión” de la que queríamos escapar a como diera lugar. Bajo el pretexto de salir a la farmacia, ir de compras pánico al supermercado o recibir la comida que habíamos pedido a domicilio, asomábamos la nariz con la intención de quedarnos fuera el mayor tiempo posible. Estar afuera seguía siendo una necesidad.

Mientras tanto, los océanos comenzaron a limpiarse, los animales empezaron a resurgir en sus propios hábitats, el cielo lucía más azul y despejado… La Madre Tierra empezó a regenerarse gracias a esa pausa “obligada”, y de alguna manera también nosotros de a poco empezamos a hacerlo. Nuevas tribus nacieron gracias a las conexiones virtuales, aprendimos a no volver a dar nada por hecho, a valorar cada momento presente. Soltar el control y hacernos amigos de nuestra frustración, mal humor, pereza,  desánimo se convirtió en la práctica diaria.

Participar de una nueva forma en nuestra familia, encontrar maneras más creativas para resolver nuestras diferencias, aprender a sentirnos conectados aun estando lejos de nuestros parientes, amig@s, vecin@s, hacernos amigos de nosotros mismos y escuchar nuestra melodía interior. La pausa nos fue llevando poco a poco hacia adentro. El Universo nos regaló una pausa para encontrarnos y reencontrarnos.

Las pausas son parte de la vida. Así como una hermosa melodía tiene pausas o de lo contrario sería sólo ruido, la vida requiere de pausas… a veces voluntarias y a veces involuntarias. La pausa continúa y es tiempo de seguir unidos para mantenernos sanos y fuertes. Haz de esta pausa tu mejor amiga, reconócela incluso en tu práctica de yoga y meditación, y deja que cultive lo mejor de ti. Y recuerda… seguir con tu práctica es primordial para ti y para el mundo, ¡te esperamos en nuestro salón virtual!

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